|
Enid
Enid era su nombre, ella había dejado de recordar y pensaba ser sólo una silueta en el destino. Dedicaba sus horas a esconder momentos, a bailar sin música, a decir sin palabras. Enid fue una muchacha risueña, que quiso ser todo, y lo fue todo, menos una simple muchacha. Imaginaba, creaba, pintaba. Vivía en un costado de la vida, donde el tiempo solía conservar los tesoros más sublimes. Las lágrimas suyas fueron el origen de muchos ríos. Enid quería soñar, pero no lograba dormir.
Su casa se tiñó de colores pasteles. Y fue la dueña de los instantes escritos con tiza. Ninguno mereció nunca el secreto que escondían sus ojos. Fue viajera de la vida, y al menos los más pequeños la quisieron y valoraron; enseñaba a subirse a la esperanza y a seguir soñando, a explorar el cielo y la tierra, sin reconocer límite, sonriéndole al miedo.
Enid contagió vida a los que se creían ya muertos. Enid fue la rosa y la espina. El hielo y el fuego. Luchó contra el pasado y fue parte de él. Enid fue luna, donde no existía mundo.
Ya ninguna línea le hace homenaje. Ninguna carta le arrebata un beso.
Ningún río le devuelve una lágrima. No hay un enamorado tras esa puerta de flores, tras ese aroma a cuento de hadas. Las palabras ya no dicen y los duendes de su misterio le guardan tributo. Su nombre era Enid, se olvidó de ella para acordarse de los demás. No le pesó hacer sacrificio de su existencia, ni silencio de su nobleza.
Los amigos del viento le dedicaron un deseo lanzado a la fuente, y los trovadores alados entonaron su habitual marcha de esperanza. Su historia vive con el recuerdo.
Enid fue todo para aquellos que decían no poseer nada.
Se la ve surcando los caminos, envuelta en arcos de terciopelo, vestida de futuro.
Ella es una leyenda, que se pasea entre los que están, y entre los que no sienten. Ella es un mito que acaricia el alma. Que purifica las consciencias.
Logró desprenderse de las garras de su pasado, entregándose completa a la risa de los alegres. Sus maneras viven en la memoria de los que todavía tienen recuerdos. Hay quienes no la conocen, pues allí está, el destino es sólo su silueta.
|